Otro furtivo vistazo a su alrededor. Andrés Heras terminó su trabajo con matojos y ramas muertas, satisfecho por el resultado esbozó una sonrisa amplia; a penas se notaba la tierra removida, jamás encontrarían a su última víctima. De repente, de entre las sombras, aparecieron unos afilados ojos que parecían poseer luz propia, eran fríos ojos felinos. Hipnótica, la intensa mirada se clavó fijamente en él; inmovilizándolo. Con estupor le pareció ver que los ojos cambiaban de color; ahora azules, ahora verdes, ahora morados... Ágilmente el inesperado testigo comenzó a avanzar en su dirección, era un esbelto gato adulto de inmaculado pelaje negro azabache. Esquivando la maleza el animal más allá de la gracia felina parecía estar levitando sobre el bosque. El individuo, aterrorizado, quiso moverse pero no pudo, estaba atrapado en la profundidad de los ojos multicolores. Al llegar a la vera de Andrés el gato comenzó a frotar cariñosamente su lomo contra la pierna del sujeto... De la garganta del animal surgió un maullido alegre, en la garganta del hombre moría sin llegar a nacer un grito mudo. Acto seguido el cuerpo de Andrés comenzó a responder:
-¡Mal... Maldito saco de pulgas! ¡Menudo susto me has dado malnacido! -dijo rabioso.
Sacudió la pierna con violencia quitándose al animal de encima y se alejó del lugar. De tanto en tanto miraba hacia atrás para asegurarse de que el gato no le seguía. Los músculos de la cara aún estaban paralizados, aquella sonrisa de Andrés todavía permanecida en su rostro, pero ahora expresando todo lo contrario a lo que sentía.
Entre libremente por su propia voluntad y deje parte de la felicidad que trae -Bram Stoker
viernes, 8 de abril de 2011
lunes, 4 de abril de 2011
En el lago
Las ondas creadas por la guadaña se extendían con velocidad mientras la sangre se diluía lentamente en el agua dulce. En la superficie del lago flotaban los cadáveres desnudos de los dos amantes. De la oscuridad de la negruzca y raída capucha surgió una gutural voz de ultratumba:
-Lunes, malditos lunes.
miércoles, 30 de marzo de 2011
viernes, 25 de marzo de 2011
La autopsia
La cabeza le iba a estallar, la presión iba en aumento, pronto el cerebro estaría colapsado. Los ojos buscaban frenéticamente por toda la habitación el antídoto, la cura...
Por fin la encontró, cargó la dosis necesaria, acto seguido, ansioso, clavó la afilada punta para que el líquido anhelado comenzase a fluir... Fue demasiado tarde; sus oídos ya destilaban sangre.
El forense estaba catatónico. El análisis de la hemorragia le reveló la causa de la muerte. El microscopio roto en mil pedazos contra el suelo. No podía dar crédito a lo que había visto: ¡Frases! Las frases que terminaban el relato que la pluma no pudo.
Por fin la encontró, cargó la dosis necesaria, acto seguido, ansioso, clavó la afilada punta para que el líquido anhelado comenzase a fluir... Fue demasiado tarde; sus oídos ya destilaban sangre.
El forense estaba catatónico. El análisis de la hemorragia le reveló la causa de la muerte. El microscopio roto en mil pedazos contra el suelo. No podía dar crédito a lo que había visto: ¡Frases! Las frases que terminaban el relato que la pluma no pudo.
jueves, 24 de marzo de 2011
La deuda
lunes, 21 de marzo de 2011
En el vórtice
viernes, 18 de marzo de 2011
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